Y todo se volvió oscuro. Sus pupilas se dilataron rápidamente, y sus ojos se volvieron tan rojos como su barra de labios favorita. A pesar del alivio que había supuesto se sentía cansada, flotando en una nube. Sólo ella lo conseguía.
-Lo eres todo para mí.
Sentada en el suelo, apoyada en la pared, lloraba. Todas las noches lloraba. Encendió un cigarrillo, sus manos temblaban, y entre susurros, se prometió, como cada noche, acabar con aquello.
-Te necesito, pero quiero que se termine.
Por un momento dejó de llorar. Todo había vuelto. Notó como su mente se abstraía. El delirio y las alucinaciones regresaron. Caminó torpemente hacia el sofá, esperando despertarse por la mañana.
